Preceptos de una inclusión forzada

por | Mar 6, 2024 | Conferencia Magistral, XXI Festival

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Preceptos de una inclusión forzada

Conferencia de Norma Guillard Limonta en el evento teórico del Festival Santiago Álvarez

Sobre sustentos progresistas, que hallan espacio en basamentos teóricos, pero también empíricos, ambos vinculados a aspectos semióticos y raciales, Norma Guillard Limonta, psicóloga cubana e investigadora social de la Universidad de La Habana, ofreció una conferencia en la cuarta jornada del evento teórico de esta 21 edición del Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez In Memoriam, donde mostró una triste y ominosa historia que atañe a la mujer negra en espacios audiovisuales.   

Y es que el poder simbólico de la imagen en obras cinematográficas constituida por mujeres afrodescendientes ha sido históricamente limitada y estereotipada, al punto de establecer y perpetuar visiones negativas y deshumanizantes de este grupo social.  

Sin embargo, a medida que evolucionan los tiempos, aumenta su representatividad legislativa y social, y con ello su presencia en diferentes espacios y contextos culturales, que sirven de puente para visibilizar sus luchas, desafíos y logros, destacándose así su contribución a la sociedad, desde una perspectiva más bien inclusiva.

Actualmente, la mujer negra es vista como un icono de belleza, fuerza, inteligencia y creatividad, que desafía cualquiera de las narrativas hegemónicas, rompe barreras y promueve la equidad en una sociedad diversa y plural.

En cuanto a los símbolos, pueden ser tanto visuales como verbales, y varían de acuerdo a las creencias de las personas. Por ejemplo, en algunas culturas el color blanco representa pureza y en otras representa luto. Del mismo modo, un gesto o una expresión facial pueden tener distintos significados en diferentes contextos culturales. 

En especial los símbolos narrativos y de la madre naturaleza nos invitan a reflexionar sobre la historia de opresión y violencia que ha marcado a las mujeres racializadas y negadas. 

Según la perspectiva de Norma, se podría decir que la luna y el mar, por ejemplo, que evocan la feminidad y la fuerza de la naturaleza, nos llevan a buscar la sanación de las memorias de estos cuerpos violentados desde tiempos pasados. De esa forma, la narrativa intimista nos permite adentrarnos en la psiquis de estas mujeres, mostrándonos sus luchas y resistencias fuera de su zona de confort. Y es a través de esta introspección y reconocimiento de la historia de la mujer negra que se puede trabajar en la sanación y rectificación del presente, garantizando cambios y equilibrio para el futuro.

Tomando como punto referencial el trabajo de sanadoras ancestrales y del feminismo comunitario en Guatemala, se redefinen concepciones predeterminadas por cánones sociales y se muestra además la importancia de arroparnos colectivamente, de conocer nuestras identidades originarias y de luchar en defensa de nuestro territorio y cuerpo. “Sanar nuestro yo individual también significa sanar la memoria y el futuro de nuestros cuerpos oprimidos físicamente”, expresó la estudiosa.

En ese proceso de sanación y reivindicación, el reconocimiento y la valoración de las experiencias de las mujeres racializadas y negadas es fundamental, pues solo a través de esa conexión con nuestras raíces, y de la solidaridad colectiva, podremos avanzar hacia un futuro de equilibrio y justicia para todas las mujeres.

La población mundial es sometida a una clasificación racial, operando en cada una de sus dimensiones las relaciones sociales y la ideología colonial, establecidas como normas de estatus que modelan nuestras subjetividades a su imagen y semejanza. Es el caso del trabajo y la educación, marcados por esta clasificación racial, que se perpetúa en las desigualdades sociales y económicas a nivel mundial.

El cine, en particular, es una poderosa herramienta para visibilizar a las mujeres y sus logros, así como para desafiar y cuestionar las normas y estereotipos de género establecidos en la sociedad.

Al mostrar historias de mujeres fuertes, valientes e inspiradoras, el cine nos ayuda a expandir nuestra mente y a reconocer la importancia de la igualdad de género. Nos enseña a valorar y respetar las diferentes formas de ser y vivir, y a romper con los prejuicios y discriminaciones que limitan el potencial de las mujeres. Además, nos brinda la oportunidad de conocer y entender otras realidades y contextos culturales, sociales y políticos, sensibilizándonos sobre las injusticias y desigualdades que enfrentan las mujeres en todo el mundo. 

En la cinematografía cubana, la mujer negra ha sido representada de diversas maneras a lo largo de la historia. En muchas ocasiones, la simbología asociada a ella ha estado ligada a la figura de la madre, la trabajadora doméstica o la mujer sensual y exótica. Otras veces ha sido representada como una figura de resistencia y lucha contra la opresión social y racial; por ejemplo, en películas como Lucía o Cecilia, de Humberto Solás, donde se muestran mujeres negras que desafían las normas sociales y luchan por sus derechos.

Sin embargo, también existe una tendencia en el cine cubano a estereotipar a la mujer negra como objeto de deseo sexual o como figura pasiva y sumisa. Ello perpetúa la discriminación y el racismo en la sociedad cubana, que se muestra ante el mundo inclusiva y socializadora de los derechos humanos.

Es importante tener en cuenta que la representación de las mujeres afrodescendientes en el cine cubano, en el de América Latina y el mundo es parte de un contexto más amplio de discriminación y desigualdad racial. Por ello, se necesita continuar explorando y desafiando estos estereotipos, con el fin de promover una representación más diversa y equitativa de las mujeres negras en la pantalla, al igual que de aquellos elementos distintivos de los que ellas presumen.

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