El documental fue exhibido durante la gala inaugural de la edición 20 del Festival Santiago Álvarez

Por: Bruno Díaz


La mejor película sobre la historia de los trabajadores que he visto jamás.

Howard Zinn

Union Maids (1976), dirigida por Julia Reichert y Jim Klein, es una historia de fundación, emancipación, empoderamiento, participación social y redención de las clases obreras. También vindica el abordaje de la historia como collage de testimonios mínimos, cotidianidades y experiencias. Esta película apuesta por que el discurrir de un mundo se conciba como la sumatoria de todas las vidas que generan y catalizan acontecimientos que luego recoge la historia, pero siempre a costa de sumir a los protagonistas en el anonimato multitudinario.

La masa como concepto es empleada por los poderes diestros y siniestros para anular la importancia del libre albedrío individual sobre el que se construyen los colectivos —vistos estos como consensos y pactos, nunca como grupos aturdidos que siguen ciegamente a líderes iluminados y carismáticos. En un grupo se ahogan los nombres y las identidades, las experiencias personales y los sentimientos. Por eso hay que nombrar, recordar hasta el último de sus miembros. Tarea tan bella como imposible. Utópica.

Los testimonios de Kate Hyndman, Stella Nowicki, Sylvia Woods, protagonistas del auge sindicalista estadounidense suscitado durante la década de 1930, a raíz de la gran crisis capitalista desatada en 1929 —y que solo pudo ser superada con iniciativas “socialistas”—, demuestra lo complejo de los procesos de toma de conciencia que se operan en un ser humano, en su camino a convertirse en militante y activista (como en el caso de las protagonistas de marras) de una causa colectiva. Así como el doble reto que supuso, y aun supone, para una mujer irrumpir en la esfera pública, entonces a pocos años de haber ganado el derecho a votar.

El triunfo sufragista en Estados Unidos fue más provocación que final feliz. Las perdices no se dejaron devorar tan fácilmente. La rejerarquización de la mujer en la esfera pública estaba solo comenzando, y su implicación en las duras bregas sindicales fue otro paso gigante hacia un rol aun no suficientemente consolidado, ni en esa nación ni en casi ningún lugar del mundo. Estas luchas eran el contexto ideal para que germinaran los primeros brotes de la causa feminista, aunque aún se pensara que estas lides eran cosa de hombres. Kate, Stella y Sylvia se hallaron siempre frente a una doble hegemonía, pues en los propios aliados podían hallar enemigos.

La película, de 54 minutos de duración, mixtura y contrasta los hasta entonces inéditos testimonios orales de las mujeres con imágenes de archivo de la época; el alegre ritmo de temas musicales agitprop con sonoridades folk contemporáneas. La música popular es subrayada como registro instantáneo de los procesos históricos en ciernes. Crónica, testimonio y huella indeleble a través del tiempo.   

Union Maids fue la tercera colaboración entre Reichert y Klein, que ya habían dirigido previamente Growing Up Female (1971) y Methadone: An American Way of Dealing (1975). La pobre distribución y exhibición en las salas nacionales de Growing Up Female propició la fundación de New Day Films, una compañía aún vigente, con la que Reichert, Klein y las cineastas feministas Amalie Rothschild (It Happen to Us) y Liane Brandon (Anything You Want to Be) buscaron solucionar la promoción de sus obras, localizadas al margen de la gran industria. Otra historia de emancipación y empoderamiento paralela a la abordada por el documental.

Tomado del Boletín del 20 Festival Internacional Santiago Álvarez in Memoriam